El alba se luce
y la vista seduce
de un ave en subida
que emprende la huida.
El sol se presenta
y al día alimenta
de calor hilarante,
calidez deslumbrante.
Con nubes de espuma
el cielo se esfuma,
y un viento ascendente
de fuerza indecente
desprende las flores,
marchita colores.
Regresa la calma:
sonrisa del alma.
El ocaso aparece
y el crepúsculo estremece,
con noche anunciante
de estrella distante,
que evoca la luna
sin esperanza alguna
que vive de un sueño
sabiéndose pequeño,
ilusión que vendría
del resto del día.
jueves, 3 de abril de 2008
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